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Un corazón
—De todos modos —dijo el espantapájaros—, yo pediré un cerebro, no un corazón, porque un necio no sabría qué hacer con el corazón, si lo tuviera.
—Yo pediré el corazón —contestó el leñador de hojalata—, porque el cerebro no da la felicidad, y la felicidad es lo mejor del mundo.
El leñador no sabía que el corazón también le traería nostalgia y tristeza.
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