Vuelves, cuando menos te esperaba y cuando la paciencia no me da para ser lo amable que quisiera ser contigo, la verdad sea dicha, aunque no lo merezcas.
Un año después... ¡Un año, Dios mío!, un año en el que pasaron tantas cosas, como que el amor llegó y se volvió a ir, que soy tía de nuevo, por partida doble; que no tuve vacaciones pero tengo auto y un trabajo nuevo... y una nostalgia infinita...
Un año, y regresas ahora, ¿esperando qué? Quisiera, en verdad quisiera poder hacer como hacen todos, sólo dejarme llevar, decir sí aunque piense que lo mejor es decir no, y dejar que con ello tú seas feliz... dejar de analizar situaciones reales e imaginarias y no pensar más.
Lo sorprendente es que cuando te veo no siento nada; tú, que formabas parte de mi presente y mi futuro quedaste en el pasado... tú, al que podía perdonar todo -o casi- porque no quería explicaciones, sólo que estuvieras cuando te necesitaba... acepté que me equivoqué, no eras lo que yo esperaba y te esforzaste tanto en demostrarlo que no tuve más opción que creerlo... y llegas ahora queriendo ser parte de una vida en la que ya no hay espacio para ti, porque te fuiste solo y dejaste un vacío que tardé en llenar, porque mi corazón se cansó de esperar que volvieras... un día desperté y me di cuenta que podía seguir viviendo aunque tu sonrisa no estuviera más en mis días... qué lástima que descubras ahora que la mía iluminaba los tuyos... tantas lágrimas después.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario