Porque la necesitabas, empecé una lista que podía simplificar tu vida; en otras palabras, un manual que te hubiera servido para entenderla mejor, y del que, por cierto, tenías ya el diseño de la portada, ese que le entregaste una tarde de no recuerdo qué mes junto con la mejor de tus sonrisas y la intención de que ella te dijera lo que tenías que hacer para que cada acción tuya no terminara con una nueva desilusión.
La hice y te la entregué, puse en tus manos la fórmula con la que, según tú, serías completamente feliz... y ella contigo, quería verte feliz de una vez y para siempre, y no escuchar más. No fue así, una omisión aquí, un olvido allá, esa masculina obstinación por magnificar las pequeñeces y minimizar lo importante terminaron en una relación en la que se estaba y no,
La hice y te la entregué, puse en tus manos la fórmula con la que, según tú, serías completamente feliz... y ella contigo, quería verte feliz de una vez y para siempre, y no escuchar más. No fue así, una omisión aquí, un olvido allá, esa masculina obstinación por magnificar las pequeñeces y minimizar lo importante terminaron en una relación en la que se estaba y no,

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